- Reduce el aporte sanguíneo a la zona y con ello la capacidad defensiva
frente a agresiones microbianas.
- Dificulta el mantenimiento de la salud de los implantes a largo plazo,
comprometiendo la duración del tratamiento.
Si usted es fumador debe ser consciente de estos riesgos y comentarlo al Equipo Implantológico antes de comenzar un
tratamiento con implantes para que, ante estos inconvenientes, los protocolos de tratamiento y seguimiento posterior se
hagan mucho más rigurosos en su caso.